
HOMILÍA: EXEQUIA DEL LIC. ANTONIO CASTILLO RODRÍGUEZ (NIÑO)
«Hay vidas que no se miden en años… sino en la luz que dejan al pasar.»
Hoy esta majestuosa Catedral guarda un silencio sagrado.
Un silencio que no habla de muerte, sino de victoria.
Un silencio que celebra la vida de un gran hombre de Dios.
Querida doña Celeste…
…hijos, nietos y toda la amada familia Castillo.
Hermanos y hermanas en Cristo:
No venimos a este templo a esconder la lágrima…
…venimos a transformarla en oración.
Hoy entregamos al Padre al Licenciado Antonio Castillo Rodríguez…
…nuestro querido y siempre recordado «Niño».
Un hombre cuya sonrisa alegró nuestras calles…
…y cuya fe hoy nos sostiene en esta despedida.
Nos abraza la promesa inmortal de Jesucristo:
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
Hablar de Niño es hablar de una vida plena, de un hombre completo.
Durante muchos años prestó su servicio con entrega y honestidad en el sector bancario…
…dejando una huella de trabajo digno y profesionalismo en nuestros bancos.
Fue también un deportista de corazón, un gran atleta que disfrutaba el sófbol.
Y si algo lo caracterizaba a él, era su alegría contagiosa.
Hombre artista, amante de la música, cariocero…
…a quien le encantaba cantar y llenar de júbilo cualquier lugar donde llegaba.
Tuve la gracia y el privilegio de visitar su hogar varias veces.
De conversar con él en su casa, de ungirlo y administrarle la Confesión.
Y puedo dar testimonio ante Dios y ante ustedes:
Me encontré con un verdadero hombre de Dios.
Junto a su amada esposa, doña Celeste, construyó una trayectoria de gente buena.
Casados por la Iglesia y fieles a sus promesas.
Participantes constantes de la Misa y receptores de la Comunión en su parroquia de origen.
Esa vena artística y ese amor por el canto quedaron sembrados en sus hijos…
…como vemos en el talento de Yomari, nuestra querida «Yomari La Mala», y en cada uno de ustedes.
Qué hermosa herencia de fe, alegría y trabajo.
Hermanos, el dolor por su partida es real y es humano.
Jesús mismo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro.
La fe no nos pide no sentir dolor, pero nos enseña a no desesperar.
Teológicamente, para el cristiano la muerte no es la destrucción del ser…
…es la plenitud del encuentro.
San Agustín decía: «Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti.»
Hoy el corazón de Niño ha encontrado su descanso definitivo.
Toda esa alegría, ese canto, ese amor por su familia y esa fe que sembró en la tierra…
…no se apagan hoy, sino que se purifican y se elevan a la eternidad.
Hoy, Niño no deja de cantar; pasa a cantar en el gran coro celestial.
La Eucaristía que con tanta devoción recibía en el altar terrenal…
…es hoy para él el gran banquete del Reino Celestial.
A usted, doña Celeste, y a todos sus hijos:
Que la paz del Señor habite en sus corazones.
No lloren como los que no tienen esperanza…
…sino den gracias a Dios por la bendición de haber caminado junto a un esposo y padre ejemplar.
Honren su memoria manteniendo unida a la familia, alegres en el Señor y firmes en la fe.
Oremos.
Señor Dios, Padre de misericordia, te encomendamos a tu hijo…
…el Licenciado Antonio Castillo Rodríguez, nuestro querido «Niño».
Premia su honesto trabajo, su fe sincera y la alegría con la que sirvió a los suyos en este mundo.
Perdona cualquier fragilidad humana por tu infinita bondad.
Dale, Señor, el descanso eterno…
…y brille para él la luz perpetua.
Que los ángeles te lleven al paraíso, querido Niño.
Que los mártires salgan a tu encuentro y te introduzcan en la ciudad santa.
Descansa en la paz de Cristo.
Amén.
(Lugar: Catedral) Precidida: Padre Aridio Vicioso Rodríguez.



