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Un acto de justicia pendiente con la viuda de William García

Hay deudas que no se saldan con homenajes, minutos de silencio ni palabras de reconocimiento. Existen compromisos morales e institucionales que solo pueden honrarse con acciones concretas. Uno de ellos es la situación de doña María Rosario, viuda de William García, quien aún espera que se haga justicia con el legado de quien dedicó gran parte de su vida al periodismo, la locución y la comunicación en San Francisco de Macorís.

William García no fue un comunicador ocasional. Fue un hombre que entregó décadas de trabajo a los medios de comunicación, convirtiéndose en una voz respetada y comprometida con las mejores causas de la sociedad francomacorisana. Desde las diferentes plataformas en las que laboró, sirvió de manera ininterrumpida a la comunidad, informando, orientando y defendiendo los intereses colectivos con profesionalismo y vocación de servicio.

Su trayectoria también estuvo marcada por una participación activa en los gremios periodísticos y en diversas organizaciones sociales, aportando tiempo, conocimientos y liderazgo. Ese compromiso merece trascender el recuerdo y convertirse en un acto tangible de reconocimiento.

Resulta difícil comprender que, después de tantos años de servicio, instituciones de la importancia del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), junto a otras organizaciones de las que William García formó parte, no hayan impulsado de manera conjunta y decidida las gestiones necesarias para procurar una pensión en favor de su viuda.

No se trata de un favor ni de un gesto de caridad. Se trata de reconocer una vida de entrega al ejercicio periodístico y de respaldar a quien compartió esa entrega desde el ámbito familiar. Una pensión para María Rosario viuda de García sería un acto de justicia moral, institucional y humana, además de un mensaje claro de que quienes dedican su vida al servicio público y a la comunicación no serán olvidados cuando ya no estén.

Las instituciones tienen la oportunidad de corregir esta omisión. Nunca es tarde para actuar cuando existe voluntad. Un esfuerzo mancomunado entre los gremios periodísticos, las autoridades competentes y los sectores sociales que conocieron y valoraron el trabajo de William García podría hacer realidad un reconocimiento que debió gestionarse hace mucho tiempo.

La memoria de los grandes comunicadores no debe quedarse únicamente en discursos o placas conmemorativas. Debe traducirse en acciones que dignifiquen a sus familias y honren el legado que dejaron a la sociedad.

Gestionar, in memoriam, una pensión para María Rosario viuda de García sería la mejor manera de reconocer la trayectoria de William García y de demostrar que la gratitud institucional también se expresa con hechos.

Porque cuando un hombre entrega su vida al servicio de la comunicación y de su pueblo, hacer justicia con su familia no es una opción; es un deber moral que no admite más demora.

Por: Jorge Báez Marizán

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