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Volver al corazón donde la Cruz se transforma en vida

La Cuaresma no es solo un tiempo en el calendario, es una invitación urgente a mirar
hacia dentro, a detener el ruido del mundo y escuchar la voz de Dios que susurra en lo
profundo de nuestro corazón.

En medio de nuestras rutinas, preocupaciones y distracciones, talvez hemos olvidado lo
esencial: amar, para perdonar y reconciliar, entregar para servir. Nos hemos
acostumbrado a vivir deprisa, a veces indiferentes al dolor ajeno, cerrando los ojos ante
la necesidad del hermano. Pero hoy y como siempre, Cristo nos llama nuevamente.

Nos llama como hizo con sus discípulos, como levantó a los caídos, como abrazó a los
rechazados. Nos invita a dejar atrás el egoísmo y revestirnos de compasión; a
transformar la crítica en comprensión, el rencor en perdón, la indiferencia en
solidaridad.

La cruz no es solo símbolo de sufrimiento, sino de amor entregado hasta el extremo. Y
en ella encontramos el espejo donde se refleja nuestra vida, que a ejemplo del mismo
Cristo talvez pudiéramos amar sin límite entregándonos al Servicio social dando lo
mejor de sí a favor de aquellos que más necesitan y generando en la cotidianidad una
convivencia armoniosa y pacífica.

Este tiempo Santo es una oportunidad para renacer. No basta con ayunar de alimentos si
seguimos alimentando el orgullo, la vanidad, la envidia, el egoísmo, la codicia, el
irrespeto y la maldad. No basta con orar con los labios si el corazón está lejos. No basta
con asistir a celebraciones si nuestras acciones no reflejan el Evangelio.

Hoy es el momento.

Momento de reconciliarse consigo mismo para poder hacerlo con los demás, de tender
la mano, de volver a empezar.

Momento de comenzar a practicar los Valores Cristianos, entre ellos la humildad, la
sencillez, la paciencia, la generosidad y la fe viva.

Que esta Cuaresma no pase sin dejar huella en cada persona.

Que al llegar la conmemoración y celebración de la Pascua de resurrección no solo
celebremos la Resurrección de Cristo, sino también la transformación de nuestro propio Corazón, de nuestro propio Ser

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